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Mafra, en la Región de Lisboa, tiene mucho que ofrecer a sus visitantes. Aquellos que viajen y se alojen en la capital portuguesa pueden aprovechar para hacer una excursión de un día a esta bonita villa para disfrutar de sus diferentes atracciones turísticas.

Una de las visitas indispensables es el Real Convento y Palacio Nacional de Mafra, construido en el siglo XVIII por orden del Rey João V, que constituye una extravagante mezcla entre palacio y monasterio. El rey, para su construcción, invirtió una gran cantidad de oro brasileño y acudió al maestro alemán Friedrich Ludwig para el proyecto.



Se trata del monumento barroco más importante de Portugal. El edificio está construido con piedra caliza y mármol procedente de esta misma región, cubriendo un área de casi cuatro hectáreas, incluyendo 1.200 habitaciones, más de 4.700 puertas y ventanas, 156 escaleras y 29 patios interiores y exteriores. Asimismo, cuenta con dos impresionantes campanarios que albergan la mayor colección de campañas del mundo, un total de 92.

Inicialmente concebido como un pequeño convento para 13 monjes, el proyecto de Mafra sufrió varios cambios, hasta convertirse en un gran edificio para 300 monjes franciscanos con todas las facilidades a su alcance. En el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia, el convento fue ocupado por las tropas francesas y más tarde por las tropas aliadas británicas. Con la extinción de las órdenes religiosas en Portugal, el 30 de mayo de 1834, fue y ha sido ocupado sucesivamente por varios regimientos militares. A día de hoy, y desde el año 1890, es la sede de la Escuela de Infantería de Portugal.



Entre los diferentes espacios del convento, cabe destacar su jardín, con un huerto y varios tanques de agua, la capilla del cementerio y de la enfermería, además de la Sala Capitular, el Hall de Actos Literarios, la escalera La Lys y el Refectorio. Estos últimos pueden visitarse con cita previa.

La basílica, por su parte, es el punto central de su fachada principal, flanqueada por dos campanarios. Fue diseñada por João Frederico Ludovice, un famoso orfebre alemán que, tras una larga estancia en Italia, lo hizo en estilo barroco italiano. Al igual que el resto del Palacio Nacional de Mafra, este edificio fue construido con piedra caliza de la región en forma de cruz latina. La cúpula, de 65 metros de altura y con un diámetro de 13 metros, fue la primera en constituirse de Portugal.

En la capilla principal de la basílica se encuentra una pintura de Francesco Trevisani que representa la Virgen, Jesús y San Antonio, a quien está dedicada la iglesia. Los retablos de mármol de las capillas laterales, la Sagrada Familia (al sur) y el Santísimo Sacramento (al norte), así como las seis capillas colaterales, se atribuyen a Alessandro Giusti, de la escuela de escultura de Mafra, y a sus discípulos.



Otro punto destacado de la basílica es el conjunto de estatuas hechas por maestros italianos por orden del rey, situándose como la colección más importante de la escultura barroca italiana fuera de Italia, así como los seis órganos históricos encargados a finales del siglo XVIII por el Rey João VI.

Para finalizar con el paseo por el Real Convento y Palacio Nacional de Mafra, visitamos la biblioteca, que cuenta en su haber con obras incunables (libros impresos hasta 1500) –donde destaca La Crónica de Nuremberg (1493)– y otros libros como el Theatrvm Orbis Terrarvm por Ortelius (1595), entre otros. En total, guarda en sus estanterías cerca de 40.000 ejemplares de los siglos XV al XVIII, muchos de ellos encuadernados de forma manual por los propios monjes que vivían en el convento.

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