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Barroca y excesiva, fascinante y desconcertante, la capital del Mezzogiorno italiano se toma la revancha y muestra al fin con orgullo sus abundantes riquezas artísticas y su peculiar forma de entender la vida.

Italia es mucho más que la clásica triada Roma-Florencia-Venecia. Olvidada durante largo tiempo, arrinconada y a veces desdeñada, Nápoles ha sufrido las consecuencias de su mala reputación. Barroca y excesiva, fascinante y desconcertante, la capital del Mezzogiorno italiano se toma la revancha y muestra al fin con orgullo sus abundantes riquezas artísticas y su peculiar forma de entender la vida.

Spaccanapoli, corazón, vientre y alma del viejo Nápoles.r> Según algunos, Nápoles es la ciudad más bella del mundo; según otros, un laberinto ruidoso y horrible. Es cierto que si se visita sólo con los ojos, es muy probable que sus calles -de limpieza un tanto dudosa-, sus deteriorados palacios y su circulación caótica irriten y decepcionen. El neófito en la ciudad, tiene la impresión de que los napolitanos se divierten dando vueltas sin cesar en sus coches. Un curioso ballet ritmado por los cláxones que dura hasta las cuatro de la mañana. Alrededor de la estación central además, se extiende el mayor mercado de mercancías robadas de Europa occidental.r> r> Esta antigua ciudad griega poblada desde hace tres mil años por el mismo pueblo, no es ni será jamás una ciudad-museo como otras tantas ciudades italianas. Sin embargo, guarda extraordinarias sorpresas para el viajero que baja la guardia y decide lanzarse sin más a este magma humano.r> r> Nápoles es un lugar vivo cuya historia se transforma y se transmite de generación en generación como un auténtico patrimonio genético. Esta estratificación mestiza se lee en los propios edificios: un muro romano descansa sobre cimientos griegos que reposan a su vez sobre una colada de lava. "Nápoles es la Pompeya que no quedó cubierta por las cenizas" -explica Jean-Noël Schifano, traductor francés de Umberto Eco y uno de los mejores conocedores de esta ciudad.

Esta fuerte identidad se alimenta directamente de su larga historia. Un pasado que la ciudad vive en tiempo presente desde hace tres mil años con los mismos gestos, las mismas voces y la misma teatralidad. Algo que quedaba ilustrado a la perfección en la ceremonia de las capuzelle (las cabecitas): en el cementerio de Fontanelle, en el barrio de la Sanità (feudo de la camorra), los vivos tomaban un cráneo con el que mantenían una conversación muy cariñosa salpicada de besos, caricias y confidencias a media voz. Un rito que se celebró hasta que un obispo decidió abolirlo en los años 50. De la misma forma, el día de Todos los Santos la familia napolitana al completo sale para merendar sobre la tumba de sus antepasados...

Sólo en un crisol así es posible esta única filosofía de la vida, un apetito de vivir desesperado, una mezcla de ironía y de fatalismo, un modo incomparable de aceptar nuestra triste condición terrestre. Y es que Nápoles es barroca en todos los sentidos, desde las escaleras del arquitecto San Felice hasta los dulces y helados. Todo aquí despierta los sentidos y estimula el espíritu... A imagen del célebre estilo artístico tortuoso y recargado del que Nápoles acumula muchos ejemplos, aquí la sangre se mezcla con el oro, el placer con la muerte, la felicidad con el dolor...r> r> r> San Genaro, patrón de Nápolesr> Feliz quien, como Ulises, se encuentra en la catedral de Nápoles un 19 de septiembre para asistir a la tan esperada licuefacción de la sangre de San Genaro. En 305 Genaro, obispo de Benevento, fue decapitado por los romanos en una zona cercana a Posillipo, entre Pozzuoli y Solfatara. Dos ancianas recogieron un poco de sangre en dos ampollas de cristal que cerraron herméticamente. Para tener la oportunidad de asistir a la ceremonia, acuda antes de las diez a los alrededores de la catedral. Sólo así podrá percibir, en medio de un gentío exaltado y vociferante, un pequeño coágulo seco del que se escapa un sutil hilo de lo que parece sangre. Cuanto menos tarda la sangre en licuarse más próspero se anuncia el año para Nápoles y los napolitanos, que suelen implorar a San Genaro protección contra las enfermedades y las iras del Vesubio. Aunque son muchos los napolitanos que afirman públicamente no creer en el milagro, la mayoría alberga en su interior una peculiar mezcla de espíritu crítico, religiosidad y superstición.

Una ciudad griega y española

¿Qué hay que saber de Nápoles para llegar a entender su forma de ser? Nápoles es una verdadera nación (con lengua incluida) mezcla del genio griego, el espíritu romano y la pasión española. Tan singular es esta ciudad que podría estar en cualquier otro país meridional que no fuera Italia. Las grandes ciudades rivales del norte no han dejado sin embargo de recordarle que la declaración de la unidad italiana marcó también el inicio de su declive. En el s. XVIII, cuando Nápoles era junto con Londres y París una de las principales metrópolis del mundo civilizado, las ovejas todavía pacían en el Capitolio de Roma.r> r> Su historia comienza con una fundación griega y prosigue con una conquista romana que dejó intactas la lengua y la cultura griegas: Augusto, Cicerón y Nerón quedaron fascinados por este pequeño vestigio de civilización helénica que siguió viviendo inmutable ante sus ojos. Gracias a la clemencia del clima, la belleza de su bahía y el refinamiento de sus costumbres, Nápoles se convirtió en el cuartel de invierno de los romanos adinerados, entre ellos el general, hombre de letras y gastrónomo Lúculo, amigo de Virgilio.

Nápoles resistió a las invasiones bárbaras hasta el s. XII. Luego, varias dinastías (normanda, casas de Suabia, Anjou y Aragón) se fueron sucediendo en su gobierno. Cada una dejó su huella en la ciudad, pero fue sin duda el largo dominio español el que dio a Nápoles su fisonomía grecorromana e ibérica. El XVII fue para Nápoles el siglo de oro: vio florecer una importante escuela de pintura y se cubrió de palacios, claustros e iglesias, lo que dio lugar al apodo de "ciudad de las 500 iglesias". Al igual que Venecia, la ciudad fue el centro de una importante actividad musical, algo que desembocó en la apertura de la primera ópera, el San Carlo. Corría 1737 y aún faltaban cuatro décadas para que se inaugurara la Scala de Milán...r> r> r> Nápoles: qué no se puede perder

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* Spaccanapoli. El casco antiguo de la ciudad, formado por las calles S. Benedetto Croce, S. Biagio dei Librai, Vicaria Vecchia y via Tribunali... Toda la historia viva y milenaria de Nápoles.r> * Capilla de San Severo. Para el impresionante Cristo velato de Sammartino.r> * Museo arqueológico nacional. Probablemente el museo de arqueología grecorromana más bello del mundo. Si le interesa el tema tendrá que dedicarle un día completo.r> * Palazzo e Galleria Nazionale Di Capodimonte. Para descubrir la insospechada riqueza de la escuela de pintura napolitana.

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