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El refugio contra el estrés más deseado del archipiélago Toscano

Isla de Elba (Italia)

  • El refugio contra el estrés más deseado del archipiélago Toscano.

Se dice que la Isla de Elba es uno de los rincones con más encanto del Mediterráneo. Eso mismo se dice de otras muchas islas de este mar tan nuestro. Pero si uno tiene la oportunidad de desembarcar en Elba, enseguida percibe que la denominación es, en este caso, absolutamente justa. No en balde Napoleón la eligió para sus temporadas de descanso, entre batalla y batalla, y definitivamente para su exilio. Para corroborar la belleza de esta isla, Lunella, mi guía toscana, se apresura orgullosa a contarme la más fantástica de las leyendas. Cuentan que el archipiélago surgió al caer el collar de Venus -diosa de la belleza y el amor- a las aguas del mar Tirreno, donde se dispersaron sus piedras preciosas formando cada una de las islas, y de la piedra más bella, se originó la isla de Elba.

Portoferraior> Protoferraio es la capital (11.000 habitantes) y el puerto principal de la Isla de Elba. Se trata de una pintoresca población que aún no ha perdido un cierto sabor doméstico y romántico. La insularidad la ha librado de la masificación turística. De ahí que su oferta es de las más estimulantes para aquellos viajeros que buscan tranquilidad, paseos relajantes, y cenas sin prisas en los numerosos ristorantes y excelentes pizzerías que existen tanto en frente del puerto deportivo como en el interior de la citta. A ritmo pedestre se pueden visitar los fuertes de la Estella y Falcone, o el palacete de los Mulini, donde hallaba reposo Napoleón. Esta casa-museo muestra, entre otras, una curiosidad del célebre emperador: dormitaba en una incómoda cama de campaña, pese a disponer de otra mucho más confortable en el mismo dormitorio. La explicación a esta paradoja es que Napoleón no quería perder la “forma de vida” del guerrero, pese a encontrarse en temporada de descanso. La fascinación por el emperador francés se mantiene viva en la isla y cada año se conmemora su muerte.

Actualmente, Portoferraio conserva en su casco antiguo la extraordinaria belleza del que fue su emplazamiento original. En toda la población se respira un ambiente tranquilo, grato, y envolvente. Sus callejuelas, bares, tabernas, tiendas, y muy especialmente el carácter amigable de sus gentes convierten a Portoferraio en uno de los lugares más idóneos para el paseo y el descanso de toda Italia.

No obstante, desde la capital pueden realizarse múltiples excursiones. La isla de Elba tiene hartos motivos para seducir al visitante. Hay en ella una gran variedad de paisajes marinos, con costas a pico sobre el mar, y en cuyos fondos los amantes del submarinismo pueden practicar su deporte favorito. Abundan las calas y playas de finísima arena, así como una vegetación sorprendente, lozana y perfumada: montañas rodeadas de bosques de castaños y árboles centenarios cerca del mar. La isla es además, un paraíso para coleccionistas de minerales, ya que Elba es rica en hierro y famosa por sus cristales de cuarzo, amatista y berilo. Y, según Plinio el viejo, es también “la isla del buen vino”. Lo que explica el intenso tráfico comercial de embarcaciones cargadas de ánforas, que antiguamente surcaban los mares, y muchas de las cuales se conservan hoy en el Museo Arqueológico.

Asimismo, se puede acceder fácilmente a otras islas próximas como la de Montecristo, actualmente reserva natural, o a la de Pianosa, en Porto Azurro. Son, pues, innumerables las posibilidades que la isla ofrece al viajero. Por último, en cuanto a su gastronomía, nadie debería perderse la acquacotta (torta con anchoas), caldo de faisán, zuppa d´agnello (cordero) y tortellini fritti. Se puede llegar a Elba en barco desde Livorno o Piombino, o mejor aún, visitando además otros destinos por medio de un crucero.

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