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La Grotta Azzurra no debe su descubrimiento sino su revelación a la pasión romántica de dos turistas alemanes que visitaron Capri en 1826: un escritor, Augusto Kopisch, y un pintor, Ernesto Fries.

Pero la Gruta ya la conocían los habitantes de Capri con el nombre de "Grotta di Gradola", de la vecina antigua escala de Gràdola e Gradelle, aunque si, no tanto a causa de su amplia entrada, sino de las leyendas de brujas y monstruos que la poblaban, era evitada como un lugar mágico y temible. En todo caso, una vez otorgados los méritos a la intrepidez de los dos turistas alemanes, al pescador Angelo Ferraro llamado el "Riccio" que les guió, al notario Giuseppe Pagano que les corroboró de citaciones latinas y de buen vino y al borriquero que cargó las tinajas, el fuego griego y todo lo que se necesitó para la exploración, el mérito principal fue haberla dado un nuevo nombre: Grotta Azzurra, un nombre que tenía que resolverse, y se resolvió, en una serie de innumerables descripciones entusiastas y más o menos ditirámbicas, de litografías de color, de postales que han terminado por teñir de azul todas las muestras de recuerdos de Capri.

Es verdad que es una afortunada coincidencia de condiciones geológicas y espeleológicas ha creado el doble encanto de la gruta. El hundimiento en la edad geológica de una caverna de 15-20 metros por debajo del actual nivel del mar y la oclusión de cualquier otra fuente directa de luz fuera del estrecho boquete de entrada, han servido para dar a la cavidad de la cueva y a la cuenca de agua en el que está encerrada, un color mágico diverso. Por un lado la luz solar, penetrando por vía subacuática a través del velo de agua marina, se encierra y se refleja de color azul en las paredes y en la bóveda de la cueva por otro reflejándose en el fondo blanco y arenoso de la gruta, da al agua una extraña opacidad por la que los cuerpos que allí se inmergen se emperlan, a cada vibración, de luz plateada.

Desde los primeros exploradores resultó claro que los romanos no sólo conocían la Grotta Azzurra, sino que era objeto de particulares investigaciones de las que no se podía explicar por otro lado su verdadera naturaleza. Hay que añadir que, descartada la hipótesis de que se hubiera verificado una hundimiento de 6 o 7 metros desde la edad romana hasta hoy las condiciones eran en los tiempos de Augusto y de Tiberio las mismas que las actuales. Y un atento examen de las huellas de obra romana en el interior, y a las construcciones antiguas en el exterior, pueden ayudarnos a entender lo que significaba para los romanos la "Grotta Azzurra".

Pocos visitantes entre el encanto de la luz y la brevedad del tiempo concedido por la llegada de turistas, se ve que a lo largo de la pared contraria al foro de entrada, la Gruta se prolonga en una cavidad rupestre sobre-elevada de poco más de un metro sobre el nivel del agua y que a esa cavidad se accede por una pequeña escala de atraque cubierta con obra de cementación romana, mientras que en la pared de roca se abre, contrario a la entrada, un espacio cuadrado, a modo de ventana, accesible por un escalón cortado evidentemente por la mano del hombre.

La escala rocosa y el espacio cuadrado parecen hechos aposta para permitir desembarcar y contemplar reposadamente desde tierra la divina y tersa copa de azul. La cavidad rupestre se prolonga en cambio en las vísceras del monte en un subterráneo cada vez más angosto y tortuoso, ante el cual trozos de roca resquebrajada amontonados a los lados hacen suponer que, abierto por los romanos para la búsqueda de una vena de agua, hubiera sido ese subterráneo abandonado después de una fatigosa e infructuosa exploración.

Por encima y por el exterior de la Gruta, en el último escalón del monte, se observan las ruinas de una pequeña villa romana (la villa de Gràdola o Gradelle) con varios ambientes y algunas cisternas, símil en formas y estructuras a las demás villas de la era augusta-tiberiana.

Por lo tanto, los romanos no sólo conocieron la "Grotta Azzurra" sino que con certeza a ellos se debe la estrecha fisura por la cual es posible penetrar hoy construyendo una pequeña villa por encima quisieron rendir la visita más cómoda y relajante en un lugar que todavía hoy aparece impracticable y salvaje y sin reparo ni siquiera para pequeñas embarcaciones.r> Más allá de todo esto intentaron, sin conseguirlo, captar alguna vena de agua para crear uno de esos viveros de peces a los que se alimentaba con agua dulce y marina.

Pero precisamente porque la "Grotta Azzurra" y la villetta de Gràdola están sometidas a la grandiosa "Villa di Damecuta" que domina el promontorio dell´Arcèra, es obvio suponer que la Gruta con su escalera de Gràdola y la dominante Villa di Damecuta formaran un único complejo en el que la "Grotta Azzurra", el modelo en el que se inspiraron los romanos en instalación y decoración de los otros ninfeos rupestres de la isla, imitando con el revestimiento a mosaico paredes y bóvedas el color inimitable de la cueva que era natural sede de Glauco y de su azul mechado corteo de Nereidas.

Barcas motorizadas salen de la gruta todos los días desde Marina Grande (h. 9.00 - una hora antes del atardecer), luego trasbordo a barcas pequeñas.r> Desde Anacapri andando (50 min. Por la vieja Via Grotta Azzurra (desde Piazza Vittoria - via Pagliaro - via Tuoro), en taxi (10 min.) desde Piazza Vittoria, con autobús de línea (15 min.) con salida desde la terminal de Viale De Tommaso.r>

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