Ya Recibes nuestro Boletín de Novedades? Inscríbete aquí

 

Apenas han dado las nueve de la mañana y una nutrida fila de turistas desciende desde el corredor de entrada por la amplia escalinata, desbordándose en el patio. Ni el frío ni el viento desanima a unos visitantes que han venido de todas partes.

El castillo de Neuschwanstein, obra cumbre de Luis II de Baviera, es el destino turístico más visitado de toda Alemania. Situado en la cumbre de un cerro rodeado de precipicios y en medio de densos bosques de pinos y abetos, este castillo de hadas despliega su arquitectura de fantasía. Como en todas sus demás obras, el proyecto nació de su imaginación y aunque fue construido por un grupo de arquitectos, el rey supervisó a pie de obra el largo proceso, introduciendo uno y mil cambios a medida que crecía.

Hasta aquí está prohibida la circulación y algunos suben andando, pero la mayoría utiliza las calesas que se toman en Hohenschwangau, a dos kilómetros. Y es que la visita de esta monumental obra en la que se inspiró Walt Disney para crear el castillo de La Bella Durmiente merece la pena. Desde el vestíbulo de entrada, sustentado por una columnata de 140 fustes, hasta la historiada capilla de paredes y cúpulas pintadas en oro, todo aquí desborda exuberancia.

A pesar de ello, Luis II apenas lo disfrutó. Sólo vivió aquí 170 días, hasta que en 1883 murió sin ver concluidas las obras. Su construcción vació las arcas bávaras, obligándole a pactar ayudas con la poderosa vecina Prusia, lo que a la postre supuso el fin de su reinado. Hoy la imagen del rey loco es fuente de pingües beneficios, a través de sus palacios, pero también de los llaveros, corbatas, chocolates, vinos y demás codiciados recuerdos que acaparan los turistas.

A los pies de Neuschwanstein está el Schwansee, o lago del cisne, y al lado, otro castillo, Hohenschwangau, menos fantasioso que su vecino, pero con una rancia tradición. Fue Maximiliano II quien prendado de la belleza del lugar decidió construir el que sería solar de la estirpe de los Wittelsbach. Wagner fue un huésped asiduo, hasta el punto de que, según cuentan algunos historiadores, fue aquí donde Luis II, siendo un joven príncipe de 15 años, se quedó prendado del músico, convirtiéndole en su particular canon de belleza.

No lejos de aquí, en el valle de Graswang, se eleva Linderhof, la casita real. Arriba, las salas van superándose en recargamiento: estucos dorados, sedas, espejos y pinturas componen el abigarrado escenario que tiene su culmen en el dormitorio, la habitación más grande.

El lago de Starnberger, al sur de Múnich, es donde se sitúa el último capítulo de este recorrido por los lugares unidos a Luis II. En sus aguas pereció de forma todavía no aclarada el 13 de junio de 1886, días después de ser declarado incapacitado para gobernar Baviera. La versión más romántica del suceso asegura que el rey quería escapar de su confinamiento. Como era un notable nadador, pretendió huir a nado hasta un punto cercano donde le esperaba con un coche de caballos su prima Sissí, cómplice y amante secreta.

Enfrente de este lugar está el hotel Kaise, donde veraneó Sissí durante 35 años. Desde aquí partía a reunirse con su primo y amante en una pequeña isla en el centro del lago. El establecimiento conserva el aspecto de hace 100 años, incluso el menú del restaurante es idéntico al ofrecido en aquella fatídica fecha: consomé de sesos, pescado, pularda con compota o gamo a la cazadora.

CASTILLOS. Están en la región de Ostallgaü, en el suroeste del Estado de Baviera. Son los alrededores de Füssen, Oberammergau y Garmich Partenkirchen. Neuschwanstein. A dos kilómetros de Hohenschwangau, es el castillo más conocido de cuantos erigió Luis II. Abre de 8.30 a 17.30h. Hohenschwangau. De 8.30 a 17.30h. Cada 30 minutos sale un autobús desde Füssen a Hohenschwangau, al pie de los castillos de Neuschwastein y Hohenschwangau. Linderhof. Pequeño palacete rococó, la obra más refinada de Luis II. Sus jardines, de influencia versallesca, tienen juegos de agua, esculturas, una gruta... De 9.00 a 12.15h y de 12.45 a 17.30h. Hay trenes y autobuses diarios desde Múnich (estación de Starnberger Bahnhof) a las 9.00h. Starnbergersee. En las aguas de este lago murió Luis II. Aquí está la capilla conmemorativa mandada construir por su madre. Enfrente de este lago está el hotel Kaise, residencia veraniega de Sissí. En el centro del lago está la Roseninsel, la isla de las rosas, lugar donde la tradición dice que se encontraban ambos personajes en secreto. Desde Múnich hay trenes y autobuses diarios.

 

made with love from Joomla.it
Go to top