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Las islas siempre han conseguido ser vistas y apreciadas como porciones de tierra enigmática, especiales y solo por su existencia consiguen atrapar a cada viajero. 

Si además estas islas están repletas de historia, cultura ancestral, y un entorno de ensueño ganan en importancia y en deseos de ser visitadas. Todas estas particularidades están dentro de un mismo país: Chile. Por eso sus islas consiguen quedarse en el imaginario colectivo para siempre.

De los centenares de archipiélagos e islas que existen en Chile, hay tres que se llevan las preferencias de los visitantes y a las que podrás viajar con mayor facilidad: Isla de Pascua, Robinson Crusoe y Chiloé. Las dos últimas están muy alejadas del continente, 3.700 km y 500 km respectivamente, en pleno Pacífico. Chiloé, sin embargo, está situada a tan solo treinta minutos en transbordador desde Puerto Montt o también se puede llegar a ella en avión, gracias al nuevo aeropuerto de Castro.

Isla de Pascua o Hanga Roa, en su lengua original, es uno de los más exóticos puntos del país y del mundo ya que es la isla habitada más remota del planeta. No hay otra porción de tierra tan aislada en el mar y esa misma condición le otorga un aura de fascinante misterio.

Rapa Nui o “Tepito Ote Henua” (“Ombligo del Mundo”), como la llamaban sus antiguos habitantes, es un Parque Nacional, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.



Destaca por sus especialidades culinarias entre las que se encuentra el atún, playas de arena de color rosa, como la de Ovahe, o las que poseen un encanto paradisíaco como la de Anakena, volcanes y praderas para recorrer a pie o a caballo, cavernas para descubrir en silencio, y los moais, con más de 800 años de antigüedad, que fueron testigos del auge y la caída de una sociedad compleja y que aún hoy consigue despertar una total admiración.

Se estima que los primeros habitantes de Rapa Nui llegaron desde las Islas Marquesas en el siglo VI y que durante más de mil años no tuvieron contacto con el exterior. Hasta que el domingo de Pascua del año 1722 fue descubierta para el mundo occidental por el navegante holandés Jakob Roggeveen, quien describió a los rapanui como “un sutil pueblo de mujeres hermosas y hombres amables”.

El espíritu de esta cultura sigue vivo en sus habitantes, su lengua, sus vestimentas, su música, sus bailes, su artesanía y su gastronomía. Cada mes de febrero, la vuelta a las raíces alcanza su punto máximo en la Tapati, una fiesta de dos semanas cuyo corazón son las tradiciones y donde los rapanui se pintan el cuerpo como lo hacían sus ancestros. La cultura originaria sigue viva y atrae a miles de visitantes que quieren descubrir como el tiempo no transcurre y permanece intacto en el “ombligo del mundo”.

En la isla Robinson Crusoe, la principal del Archipiélago Juan Fernández, compuesto además por las islas Santa Clara y Alejandro Selkirk, puedes disfrutar de la gran calidez de sus 500 habitantes que desde hace un siglo colonizaron la isla. Cabe destacar la langosta como principal plato gastronómico y sus aguas, una de las áreas con mejor visibilidad de Chile perfectas para el buceo, además de una historia que mezcla pasos de corsarios y el primer combate naval de la I Guerra Mundial con un acorazado alemán hundido en sus costas.



En este mismo lugar fue abandonado el navegante escocés Alejandro Selkirk (en octubre de 1704) siendo rescatado cuatro años y cuatro meses después. Su historia dio origen a la reconocida novela Robinson Crusoe, de Daniel Defoe.

Es la capital de un verdadero tesoro, no sólo por el que buscan exploradores internacionales, que fue enterrado secretamente por Lord Anson a mediados del siglo XVIII, sino por uno más cercano y tangible: su gente y naturaleza. Declarado Parque Nacional y Reserva de la Biosfera por Unesco, es 61 veces más abundante que Galápagos en especies de plantas endémicas y posee trece veces más aves.

El archipiélago de Chiloé, al suroeste de Puerto Montt, es un conjunto de islas cercanas al continente cuyo mayor territorio, la isla Grande de Chiloé alberga ciudades como Ancud, Castro y Quellón, sedes de la cultura chilota, rica en mitos, gastronomía, solidaridad y arquitectura.

En esta Isla Grande de Chiloé (un rectángulo de 250 km de longitud por 50 km de ancho) encontrarás el encanto genuino de sus habitantes, los chilotes, mezcla de los colonizadores españoles y el pueblo huilliche, reconocidos por su hospitalidad. El curanto como especialidad culinaria y las coloridas casas, construidas en pilotes sobre el agua, son los llamados “palafitos”, son un clásico de la isla. Como también lo son sus iglesias, de madera y construidas entre los siglos XVIII y XIX, dieciséis de ellas declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco.

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