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Al sur de la península arábica, en el Océano Índico, se encuentra una isla, cuyo aislamiento y clima particular han propiciado la aparición de una flora y fauna únicas en el mundo.

Son muy pocos los lugares que pueden ostentar este honor de ser focos de tan alta biodiversidad en tan poco espacio, y Socotra es un buen ejemplo de ello. Forma parte de la república de Yemen, y tiene unos 43.000 habitantes repartidos en una isla de 3600 km², que se dedican en su mayoría a la pesca y la ganadería.

Es, además, una de las islas continentales más aisladas del mundo, lo que ha llevado a la isla a poseer unas 250 especies endémicas de plantas (sobre un total de 800), y a situarse, a ojo de los expertos, como una de las diez floras autóctonas isleñas más amenazadas que existen.

Sí, los canarios y demás foráneos que visiten con asiduidad mi querido archipiélago se habrán dado cuenta de que lo de la anterior foto es un drago. Y están en lo cierto, es un drago, pero una variante del que conoceís.

No es el canario Dracaena Draco, sino el Dracaena Cinnabari, endémico de Socotra, lo que viene a demostrar que en tiempos pretéritos una especie antecesora de ambos ejemplares se extendía por toda la zona del Sáhara, cruzando África de lado a lado.

Con un clima desértico tropical, con una consiguiente escasez de lluvias, en Socotra se ha dado una división de tres tipos característicos de terreno: Estrechas planicies costeras, una meseta de piedra caliza repleta de cuevas kársticas, y las montañas Haghier.

La formación vegetal más sorprendente se encuentra al pie de las montañas, donde el árbol del pepino y un tipo de rosa del desierto crea un paisaje insólito. Los dragos se sitúan más arriba, en las montañas, siendo quizás la estampa más singular de la isla para los pocos turistas que se atreven a visitarla.

Situación

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